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En un mundo donde todo lo que se rompe se sustituye por algo nuevo, Uno de cada tres propone algo radical: un hombre que se niega a tirar su relación a la basura. No es "chico conoce a chica" — es "chico no quiere que le dejen", y esa diferencia lo cambia todo. Luis arregla temporizadores, compra revistas en papel, y cuando su novia le cita para dejarle no huye ni acepta: lucha. Con sentido común, con tácticas absurdas, con todo lo que tiene. Porque en una cultura donde cambiar de pareja es tan fácil como cambiar de serie, hay algo profundamente subversivo en alguien que cree que lo roto merece ser arreglado. Y algo profundamente humano en descubrir que a veces no basta con querer arreglarlo.
Cuando su novia le cita para dejarle, Luis va sin miedo pues tiene un plan y sentido común, y tan solo 20 minutos para salvar su relación — aunque ninguna estadística de revista le asegura que vaya a conseguirlo.
Luis es un chapuzas gaditano que cree que el sentido común puede arreglarlo todo — hasta las relaciones. Cuando Victoria, su novia, le manda un mensaje con el temido "tenemos que hablar", Luis no se agobia. Ha leído en la Muy Interesante que ninguna conversación de ese tipo que dure más de 20 minutos acaba en ruptura. Solo tiene que ganar tiempo. Lo que no sabe es que Victoria también ha leído sus revistas. Lo que empieza como una batalla de tácticas en una cafetería — él con su Muy Interesante en papel, ella con el Vogue en el móvil — se convierte en una guerra de estadísticas, psicología inversa y orgullo mal gestionado que les lleva mucho más lejos de lo que ninguno de los dos había planeado. Porque hay cosas que no se arreglan con sentido común. Y hay cosas que, si las tiras a la basura, no las recuperas. Uno de cada tres es una comedia romántica sobre dos personas que usan toda su inteligencia para evitar hacer lo más difícil: ser honestos el uno con el otro.
En un mundo donde todo lo que se rompe se sustituye por algo nuevo, Uno de cada tres propone algo radical: un hombre que se niega a tirar su relación a la basura. No es "chico conoce a chica" — es "chico no quiere que le dejen", y esa diferencia lo cambia todo. Luis arregla temporizadores, compra revistas en papel, y cuando su novia le cita para dejarle no huye ni acepta: lucha. Con sentido común, con tácticas absurdas, con todo lo que tiene. Porque en una cultura donde cambiar de pareja es tan fácil como cambiar de serie, hay algo profundamente subversivo en alguien que cree que lo roto merece ser arreglado. Y algo profundamente humano en descubrir que a veces no basta con querer arreglarlo.
Cuando su novia le cita para dejarle, Luis va sin miedo pues tiene un plan y sentido común, y tan solo 20 minutos para salvar su relación — aunque ninguna estadística de revista le asegura que vaya a conseguirlo.
Luis es un chapuzas gaditano que cree que el sentido común puede arreglarlo todo — hasta las relaciones. Cuando Victoria, su novia, le manda un mensaje con el temido "tenemos que hablar", Luis no se agobia. Ha leído en la Muy Interesante que ninguna conversación de ese tipo que dure más de 20 minutos acaba en ruptura. Solo tiene que ganar tiempo. Lo que no sabe es que Victoria también ha leído sus revistas. Lo que empieza como una batalla de tácticas en una cafetería — él con su Muy Interesante en papel, ella con el Vogue en el móvil — se convierte en una guerra de estadísticas, psicología inversa y orgullo mal gestionado que les lleva mucho más lejos de lo que ninguno de los dos había planeado. Porque hay cosas que no se arreglan con sentido común. Y hay cosas que, si las tiras a la basura, no las recuperas. Uno de cada tres es una comedia romántica sobre dos personas que usan toda su inteligencia para evitar hacer lo más difícil: ser honestos el uno con el otro.
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